viernes, junio 16, 2006

Soñé con Zombies

En mi sueño me enfrentaba a zombies que aparecían por doquier.


Yo los pulverizaba con buenas patadas y combos, eran fáciles de destruir ya que eran muy lentos. El problema estaba en que eran muchos y aparecían siempre detrás mío.


Aunque lo considero una pesadilla no deja de ser interesante ver el trasfondo de este sueño en reflexiones que tuve ayer y que seguramente gatillaron que soñara con ellos.


Ayer me puse a leer una aventura del Pato Donald y el Zombi Bombi (en este tipo de lectura sencilla tiendo a gozar de inspiraciones profundas). El objetivo del Zombi era entregar un fetiche, y producto de eso había vagado por el mundo sin comer ni beber nada. Al entregar el fetiche logró su objetivo, pero como habían pasado tantos años en eso no supo que hacer después. Eso me recuerda a gente que se pone un techo en la vida y que al lograrlo quedan como este zombie anonadado y a la deriva. Uno al final se enternece con esta historia del Zombie, que es protagonista de grandes aventuras sin poner ni un gramo de voluntad en ello, sólo siendo instrumento de los patitos Hugo, Paco y Luis. Esto me recuerda a muchos abuelitos, que son objeto de juego de sus nietos, y que sin ellos quedan abandonados en una dormida y solitaria existencia.


La historia de este zombie me recuerda la de otros zombies, conocidos por su sed de carne humana viva. Muchos, muchísimos de los que nos rodean llevan en sí un comportamiento de zombie, buscando saciar su hambre ‘consumiendo’ lo que cumple con el arquetipo que tienen fijado como única idea principal. Mientras no encuentran lo que dispara sus pasiones se mueven chocando entre ellos sin mirarse, con la vista perdida y vagando en lugares concurridos. ¿Se han fijado que los zombies siempre están agrupados, pero no funcionan como grupo? No hacen sociedad, ya que su meta es individual y egoísta. Cuando he visto este tipo de películas no dejo de visualizar a gente normal que vaga por los mall con actitud de zombie. La sociedad actual es generadora de zombies, indiferentes, autistas, que caminan por la vida apáticos, con solo una llama que los mantiene vivos y que se llama ‘consumismo’.

miércoles, mayo 31, 2006

Los Hijos Multiplican la Vida

Es un privilegio para cualquier ser el participar en la generación de otro nuevo ser, pues aparte de ser la prolongación de la especie y la herencia de nuestro futuro significan mucho más de lo que aparentan.

Los seres que nos llamamos inteligentes tienen además la capacidad de educar, acompañar y amar a estos pequeños a través de su proceso de madurez e independencia. Los seres humanos tenemos a nuestros hijos cerca más años que cualquiera de las otras especies que cubren la tierra, porque la formación de un ser humano maduro toma más tiempo y demanda una atención especial y dedicada de sus padres y parientes.

Esto ya lo sabemos. No he agregado nada a lo que es así desde tiempos inmemoriales.

Mi reflexión es acerca del gran valor o premio que uno recibe al ser padre, es sobre esa capacidad de amar que se ensancha en nuestro corazón y que nos hace abrirnos a todos los hijos del mundo. Es una capacidad, un don de Dios que nos hace sensibles a las necesidades y dolores de la humanidad, e incluso de todos los seres vivientes.

Uno abraza a sus hijos disfrutando su cercanía. Uno besa a sus hijos gozando de sus sonrisas. Uno contempla sus rostros haciendo vigilia sobre sus sueños. Uno los oye gritar, cantar y jugar; correr, revolcarse y saltar; bailar, pelear y llorar. Son vertiginosos chiquitos que revolucionan el ambiente y desequilibran cualquier orden.

Y eso me hace sentirme repleto de sensaciones gratas, de energía interna, de gratuidad constante. Pero también me llena de pena por todos los padres que pierden a sus hijos en accidentes, enfermedades y catástrofes. Me hago solidario en el dolor de los demás, como si les pudiera pasar algo similar a los míos. Uno vibra en las cuerdas de la vida, ya sea para dar acordes de festejo, como de tristeza. Por eso me entristezco mucho al saber que existen miles de madres que abortan, de miles de hombres que no reconocen su paternidad, por miles que agreden y esclavizan a estos pequeños, a los miles que son indiferentes a las miserias de estos infantes, a los miles que dicen amar, pero se dedican a crecer ellos y no de darles el incentivo necesario a quienes dicen amar, y que sólo mantienen en forma supérflua.

Ser padre me hace vivir en forma intensa la apertura al amor, con todo el precio que se deba pagar, ya que su premio huele a eterno, y su sabor endulza y entibia el alma.

¿Qué se sufre por los hijos? Menos de lo que se les ama.
¿Qué son ingratos estos hijos? No importa. El manantial que nutre sigue manando y rebosando.
¿Qué alguna vez nos olviden? Quizás. Hasta que les toque ser padres y entren al territorio que nosotros hollamos hace décadas.

jueves, mayo 25, 2006

¡Qué bien se está aquí!

Zarpar rumbo al infinito es imposible cuando se ha encontrado el verdadero hogar, fuente de todo amor y toda paz.

¿Es necesario ir para algún lado u ocuparse en algún oficio si es que todo lo que ansiábamos está cerca nuestro?

Si bien en la vida aparecen oasis de descanso y solaz, en los que uno desearía permanecer eternamente, es cuando aparecen fechas y plazos, responsabilidades y quebrantos, que vienen a decirnos que hay que proseguir el camino de la vida, soñando con encontrar otro lugar donde finalmente descansar definitivamente.

Aunque estemos hablando de dolores y sacrificios un paraíso hace que las penas parezcan pequeñas, el amor alivia cualquier mal.

Mientras siento el arrullo de la madre o de la amada quisiera dormirme en sus brazos y no despertar jamás.

Mientras converso con almas gemelas de cosas trascendentes quisiera que el tiempo no pasara por ese lugar.

Qué bien se está aquí, Señor, contemplando la pureza de lo eterno, compartiendo el manjar de los dioses desgranado en palabras que hacen arder el corazón.

Qué bien se está aquí, Señor, junto a ti y a los que amas, viviendo una vida plena de contemplación y regocijo de todas las cosas creadas, de la historia del universo y de tu plan de amor para con todos los que has creado.

¿Por qué hemos de bajar del Monte?
¿Para qué volver a temas mundanos, sin trascendencias, tan rutinarios, tan vacíos de sentido? ¿No ves que temo olvidar lo que ya vi y lo que viví en tu compañía?

Pregúntale a los que nos acompañan...
¿acaso no piensan lo mismo que yo?

¿No puedes prolongar este momento un poco más...
una eternidad más?

miércoles, marzo 08, 2006

La Magia produce efectos secundarios

Si el poder de la magia te amenaza es porque abriste una puerta por algún lado.

Uno no saca nada con profesar una fe en Dios, si uno tiene actitudes supersticiosas.

Si uno no cree en Dios y, sin embargo, es superticioso, entonces nos encontramos a una persona con un nicho existencial primitivo, que cree en Dios, aunque no en forma explícita.

Esto de la superstición es para muchos como el cigarro, sabemos que nos perjudica, pero cuesta mucho dejarlo.

La magia existe. Quien cree que la ocupa y logra lo que quiere supone que no hay más que eso, no obstante, la magia no es una herramienta ni un medio, sino que es una entidad poderosa que pasa la cuenta a quien la ocupa.

Si mueves un guijarro el universo entero tiembla...¿cómo será cuando mueves una montaña?

Y aquí hago una distinción importante: La magia es el poder manipulado a nuestro antojo, sin medir las consecuencias. La fe es el poder fluyendo directamente de Dios a través de nosotros, que pasamos a ser cauce del actuar divino. En ambos casos se puede mover una montaña, pero en el segundo caso la responsabilidad no está en nosotros, sino en quien sabemos que la origina.

¿La magia es un poder independiente de Dios? No lo es. Es nuestra herencia y un don, que podemos usar con libertad. Si Dios nos quiere como hijos, entonces nos da la herencia de los hijos. La magia es el poder de Dios en nosotros, pero que nosotros manejamos con mucha irresponsabilidad, pues no alcanzamos a pesar las consecuencias cósmicas de un acto mágico, creyendo, o confiando, en que nuestro intelecto nos dice que es bueno hacerlo. Porque me pregunto muchas veces: ¿Acaso los sabios más eruditos no se equivocan en sus juicios? ¿Qué nos queda entonces a nosotros, que apenas rasguñamos las verdades?