viernes, diciembre 09, 2016

COMAR

Existe una desconexión mental entre los verbos Conocer y Amar, pues uno nos lleva a averiguar las cosas desde un punto de vista intelectual mientras que el otro nos hace mirar el mundo en forma sentimental.

 

Cuando conocemos algo establecemos una relación de acción respecto a ese algo. Cuando amamos algo establecemos una relación afectiva con ese algo.

 

Hace muchos años atrás conversé con el Padre Maximino Arias respecto al encuentro con Dios y lo que aquello implicaba para nuestra alma. El me pregunta en aquel entonces qué es lo único que queda cuando uno se enfrenta cara a cara con Dios. En mi interior gritó la palabra: Amor, pero ante lo docto del Padre preferí decir que ignoraba la respuesta, a lo que él me dijo: Conocer. Esto me dejó de una pieza y durante años he pensado en esta dicotomía que existe en nuestro interior respecto a nuestra verdadera relación con Dios, o cualquier cosa, sin ser peyorativo con todo ser existente.

 

En la madrugada de este 1º de diciembre, desvelado e inspirado por estos pensamientos, apareció un nuevo verbo en mi mente, que une ambos mundos: COMAR.

 

‘CONocer’ y ‘aMAR’ al mismo tiempo establecen una relación más justa con todos los seres, siendo este verbo no conjugable, pues no está sujeto a pasado o futuro, sino a un imperecedero y eterno presente. Yo ‘comar’ eso o aquello implica un posicionarse frente al ser y mantener el momento en clara contemplación y meditación del mismo. Si me distraigo y mis pensamientos dejan de hacer la acción de comar, entonces ya no hay más comar. Esto no significa que se haya perdido, ni que la suma de sus partes me permita perfeccionar mi manera de COMAR, sino que cada instante que yo conozco y amo algo paso a establecer una relación efectiva y afectiva que trasciende el tiempo, depositándose en la urna infinita de la eternidad. El Cielo está con nosotros cuando COMAR actúa en nuestra intimidad. Nuestro Cielo no es un lugar: es un estado del alma cuando conoce y ama a Dios.

 

Cuando estamos frente a Dios no necesitamos la Fe, pues ya es evidente y posible a nuestra conciencia. Cuando estamos frente a Dios no necesitamos más Esperanza, pues nuestra espera termina al estar con El. Sin embargo, sigue existiendo el Amor, pero de forma un tanto diferente, pues no sólo nuestro corazón participa de Dios, sino nuestro intelecto, por lo que Conocemos lo que Dios es en su esencia más profunda.